Las Iguanas Marinas

Las Iguanas Marinas

Las Iguanas MarinasComo los lobos, también las iguanas marinas dependen del mar para sobrevivir. A primera hora del día se reúnen en grupos numerosos cerca del agua dejando que el sol caliente su cuerpo y se active su metabolismo ectodérmico. Cuando han conseguido suficiente temperatura, las iguanas marinas se dirigen a la zona de rompientes o la zona intermareal en busca de las algas de las que se alimentan. Estas son las únicas iguanas del mundo que entran en el mar. Su vida depende por completo del suministro de algas que les ofrece el océano, de forma que se han convertido en excelentes nadadoras.

 Las iguanas marinas se alimentan de las algas de las orillas. Pero si éstas escasean entran en el agua e impulsadas por los poderosos músculos de sus colas planas, se sumergen buceando hasta el fondo marino. Pero eso es sólo el principio de sus increíbles logros adaptativos. Un metabolismo capaz de trabajar sin renovar el aporte de oxígeno y la capacidad de disminuir voluntariamente su ritmo cardíaco, permiten a las iguanas marinas hacer inmersiones que pueden llevarlas a doce metros de profundidad durante al menos una hora.

En muchas ocasiones las algas más suculentas y frondosas se encuentran en la zona de rompiente. Esto supone una formidable barrera para las iguanas jóvenes, pero los adultos en plenas facultades no tienen mayor problema en acceder hasta ellas. Unas garras afiladas capaces de soportar el embate de las olas consiguen mantenerlas en mitad de los rompientes y les permiten acceder con éxito a las algas.

Cada cierto tiempo, en un período de años que cada vez se va haciendo más corto e impredecible, los vientos Alisios del sudeste dejan de soplar. Sin el freno de la corriente del Perú empujada por los Alisios el agua caliente avanza sobre el archipiélago y se desencadena una tragedia que repercute más allá de los límites del océano. El calentamiento del agua provoca un empobrecimiento del ecosistema marino porque los nutrientes que llegaban con las frías aguas del sur desaparecen, los peces se van y como resultado de todo ello la hambruna y la muerte se pasean a lo largo de las Galápagos. El Niño, como se ha bautizado a este fenómeno, merma de tal manera las costas del archipiélago que parece imposible que pueda volver a recuperarse. Los Galápagos nos ha enseñado algo, es que su poder para albergar la vida no tiene límites. Con el regreso de las aguas frías ricas en nutrientes, las comunidades zoológicas renacen y paulatinamente recuperan sus antiguas poblaciones. Es como si las islas quisieran resumir y recordar su capacidad biológica, la misma que las transformó de islotes yermos en paradigma de la evolución biológica; pero en una escala de tiempo cinco millones de veces más rápida.