La Terrera marismeña

Terrera marismeña

Longitud: 14 cm
Longitud alar: 9 cm
Peso: 23 g, aproximadamente
Periodo de cría: febrero a mayo
Puesta: 3-4 huevos
Incubación: 12 días
Vuelo: desconocido

La Terrera marismeña o Calandrella rufescens polatzeki, otro endemismo canario afectado por los cambios del paisaje insular, el abandono de las prácticas agrícolas tradicionales y el desarrollo turístico. Todo ello unido a las agresiones directas a las aves, como el empleo de pesticidas, la captura ilegal o la depredación proveniente de especies introducidas.
Se trata de un endemismo canario y, por tanto, sólo habita este archipiélago; en concreto, Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote y La Graciosa, y de forma irregular Alegranza y Lobos.

BIOLOGÍA

Prefiere los terrenos más recios, los jabíes, llanos pedregosos de las islas orientales, donde cría al amparo de alguna mata o planta herbácea, pero evita los terrenos volcánicos de malpaís. Su periodo reproductor comienza bastante pronto, ya en los meses invernales, de manera que aprovecha la temporada de lluvias y la proliferación de alimento que trae consigo. A veces en enero, pero más frecuentemente a partir de febrero, se producen las primeras puestas, de unos tres o cuatro huevos, que las aves incuban durante algo menos de dos semanas. Los pollos abandonan el nido al cabo de una semana aproximadamente, pero incapaces aún de volar se ocultan en las proximidades del nido, bajo alguna mata, a la espera del retorno de los padres y del alimento.

Fuera de la época de cría, las terreras son muy gregarias y, en las zonas donde aún abundan, llegan a formar bandos nutridos de hasta algunos centenares.

HABITAT

Terrera marismeña es un ave sedentaria, a lo sumo con desplazamientos dispersivos tras la cría.

AMENAZAS

Uno de los factores de amenaza más habituales en Canarias es la destrucción del hábitat, especialmente en las islas más orientales, donde se ha producido una desmedida expansión urbanística y el abandono de cultivos tradicionales. Los nuevos complejos turísticos y la especulación del suelo han llevado a la urbanización de grandes extensiones de terreno y a la construcción de infraestructuras viarias y de ocio, como los campos de golf, algo insólito en una tierra donde el agua escasea. Asimismo, se han instalado parques etílicos en zonas inadecuadas dado su estatus de protección ambiental. Todas estas actuaciones comenzaron en el ámbito costero, más demandado por el turismo, pero la explotación de dichas zonas tiene unos límites y le tocó su turno a las tierras de interior. El caso más notorio de destrucción ambiental es el de Gran Canaria, pero Fuerteventura y Lanzarote no se quedan atrás.

El desarrollo turístico lleva aparejado un gran trasiego de personas y vehículos todoterreno, que erosionan el suelo y acarrean un sinnúmero de molestias a las aves, algo especialmente grave en época de cría de éstas. La depredación de nidos por gatos, ratas y otras especies introducidas es otra causa directa de mortalidad, que puede alcanzar niveles muy serios (hasta el 50% en algunos casos). El ganado caprino criado en libertad, especialmente numeroso en el caso de Fuerteventura, causa graves daños por el pisoteo y el deterioro de la cubierta vegetal, lo cual se traduce en una pérdida de refugios para las aves y del alimento que suponen las semillas, brotes e insectos asociados a las plantas. Hay que recordar que muchos rebaños se mantienen sobredimensionados sólo para optar a las subvenciones por cabeza que otorga la UE, pero no son aprovechados correctamente ya que buena parte de sus propietarios vive de otros negocios en las grandes poblaciones.

Otro problema que está afectando actualmente a ésta y otras especies ligadas a medios agropecuarios es el contagio de viruela aviar transmitida por las aves de granja. Esta enfermedad resulta mortal para algunos de los ejemplares de terrera, lo cual, si no se toman prontas medidas, puede llegar a ser una importante amenaza responsable de la disminución de las poblaciones.

Es evidente que las medidas de conservación deben pasar por la elaboración y puesta en práctica de un Plan de Manejo de la especie que incluya investigación y seguimientos científicos para conocer la evolución de las poblaciones de terrera y la forma en que se ven afectadas por los distintos tipos de amenazas. También resulta necesario otorgar un mayor grado de protección a las zonas de cría e invernada de esta ave, evitando todo tipo de actividades humanas que puedan influir en su éxito reproductor o causar la muerte de adultos. Las campañas de divulgación y sensibilización son siempre una medida muy útil que puede acompañar a otro tipo de acciones y favorecen la educación ambiental del público de cara a la conservación futura de ésta y otras especies.

No existe un censo apropiado de la población, que se estima debe de rondar los 17.000-19.000 Individuos. La tendencia parece ser negativa debido al mismo tipo de factores que están afectando a otras aves esteparias en las islas.

La Terrera marismeña