La Chova piquirroja

La chova piquirroja

Envergadura: 76-80 cm
Peso: 280-360 g
Periodo de cría: de abril a julio
Puesta: 3-5 huevos
Incubación: 17-18 días
Vuelo: 31-41 días

La Chova piquirroja o Pyrrhocorax pyrrhocorax barbarus, actualmente restringida a la isla canaria de La Palma, ha experimentado una importante disminución poblacional. En el origen de sus problemas está el abandono de los usos tradicionales del suelo, la persecución directa o las molestias en sus áreas de cría y la ocupación del terreno próximo a dichas áreas por todo tipo de infraestructuras dedicadas al ocio del turista.

Habita exclusivamente la isla de La Palma, tras su extinción de La Gomera, Tenerife y, posiblemente, El Hierro. Se distribuye por casi toda la isla, evitando las formaciones boscosas demasiado cerradas.

BIOLOGÍA

En Canarias, las chovas han sabido adaptarse a una gran variedad de ambientes, desde los cantiles costeros hasta las elevadas cumbres por encima de los 2.400 m. Por supuesto no deja de aprovechar los barrancos de la isla o las calderas y es frecuente en pinares y formaciones arbustivas. Evita, sin embargo, los bosques de laurisilva, demasiado cerrados para hallar alimento o nidificar.

Como su pariente peninsular, la chova palmense se alimenta principalmente de insectos y otros artrópodos, pero no deja de aprovechar otros recursos estacionales como los frutos de chumbera o las semillas de pino, más abundantes en invierno cuando escasean los insectos.

Nidifica en grietas y oquedades de roca ya sea de forma aislada o en grupos coloniales. Los pollos son criados por ambos progenitores y permanecen en el grupo familiar durante un tiempo después de adquirir la capacidad de volar. En esta especie se ha comprobado que pueden existir “ayudantes”, aves inmaduras que colaboran en la crianza de los pollos; suele tratarse de hijos de la misma pareja, procedentes de nidadas anteriores.

HABITAT

La Chova piquirroja es un ave sedentaria, con movimientos dispersivos de los jóvenes y desplazamientos en altura durante el invierno de las aves que crían en alta montaña. Hay observaciones de individuos sueltos en Tenerife y La Gomera, lo que podría indicar desplazamientos largos.

AMENAZAS

Al igual que le ocurre a la especie peninsular, a la chova canaria le afecta de manera importante el cambio de usos del suelo y la intensificación de la agricultura. Prácticamente todos sus problemas de conservación proceden de las actividades humanas en sus zonas de cría y alimentación, desde el abandono de las prácticas agrícolas tradicionales, hasta la persecución directa por los supuestos daños que causan en los cultivos. La Chova piquirroja ha sido objeto de caza ilegal, ya que se trata de una especie protegida en las islas, y ha sufrido el robo de nidos con cierta frecuencia, pues ha existido cierta costumbre de mantener ejemplares en J cautividad.

La intensificación de los cultivos ha conllevado un uso desmedido de plaguicidas. De hecho, es conocida la utilización de dosis muy superiores a las recomendadas por el fabricante (algo, por cierto, no infrecuente tampoco en la Península), lo que ha producido el envenenamiento de aves en las proximidades de estas zonas.

La industria del turismo es la principal causante de la desmedida ocupación del territorio. La construcción de urbanizaciones, de zonas de recreo y de las necesarias infraestructuras para todas estas instalaciones (viales, canalizaciones, puntos de luz, etcétera), es el más importante factor de pérdida y fragmentación del hábitat.

A pesar de estar catalogada como “especies amenazada” en distintos libros rojos y anexos legislativos, no se ha llevado a cabo ninguna medida de conservación específica para esta subespecie, salvo algunos estudios sobre ecología y biología financiados por la Administración. Por ello, sería de gran interés elaborar y poner en práctica cuanto antes el Plan de Conservación de la Chova piquirroja, que incluiría la designación de zonas de protección, limitaría la construcción en las zonas de cría y alimentación, y regularía las actividades humanas en sus proximidades.

En un futuro próximo, debe existir una mejor vigilancia de la caza ilegal y se debe incentivar el mantenimiento de las actividades agrícolas y ganaderas compatibles con la conservación del medio natural. Todo ello podría llevarse a cabo con mayor facilidad si se pusieran en marcha campañas de divulgación sobre la chova y su importancia en la comunidad faunística de las islas.

Aunque no existen censos de esta especie, su población se estima que debe de rondar los 1.500 ejemplares como mínimo de La Chova piquirroja. Aunque es relativamente abundante, se ha constatado una disminución de sus efectivos a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo.

La Chova piquirroja