Águila pescadora

Águila pescadora

Longitud: 55-69 cm
Envergadura: 145-170 cm
Peso: 1,2-1,6 kg (macho); 1,6-2 kg (hembra)
Periodo de cría: de abril a julio
Puesta: 3 huevos Incubación: 34-40 días
Vuelo: 41-54 días

Águila pescadora o Pandion haliaetus, tras su desaparición de las costas peninsulares, las únicas poblaciones reproductoras actuales de águila pescadora se encuentran en la España insular: Baleares y Canarias acogen a algo menos de 40 parejas, cifra que parece más o menos estable. Sin embargo, la escasa disponibilidad del hábitat requerido por esta especie hace muy dudosa su viabilidad futura.

Tiene una distribución principalmente norteña a lo largo de los continentes euroasiático y norteamericano. Cría también en el sudeste asiático y Australia, en el golfo Pérsico, las costas del mar Rojo, el norte de África y Cabo Verde. En España se localiza en Baleares, Canarias e islas Chafarinas. Se reconocen cinco subespecies, pero la nominal, P. h. haliaetus, cría en el Paleártico, incluyendo el sur de China, Formosa y Japón.

BIOLOGÍA

En otras partes del mundo, el águila pescadora ocupa tanto ambientes costeros como aguas de interior y es bastante frecuente en los grandes lagos y ríos de Eurasia y Norteamérica. En nuestro país, en cambio, está ligada a las zonas litorales salvo en época de paso migratorio, cuando visita embalses y lagunas.

Busca siempre espacios tranquilos e inaccesibles, generalmente acantilados próximos a buenas zonas de pesca, ya que su alimentación se compone exclusivamente de peces de mediano tamaño que suele atrapar zambulléndose tras un cernido. Algún ejemplar muere ahogado al enganchar sus garras en algún pez demasiado grande para levantarlo. Bahías, albuferas, deltas y lagunas litorales pueden ser sus áreas de campeo habituales.

El nido, formado a base de palos, es reutilizado año tras año por la misma pareja y puede llegar a ser muy grande. Esta fidelidad a las áreas de cría se manifiesta también en el retorno de las aves para su primera reproducción a las zonas donde nacieron. Los jóvenes de las poblaciones mediterráneas suelen dispersarse, tras abandonar a los padres, para pasar uno o dos años lejos de las zonas de cría. Durante ese tiempo, dependen menos del mar y pueden pescar en aguas de interior situadas hasta un centenar de kilómetros de la costa. Crían por primera vez a partir de los 3 años de edad y llegan a vivir unos 30 años.

HABITAT

Las poblaciones nórdicas, tanto del Paleártico como de Norteamérica, son miradoras e invernan en África tropical, Sudamérica y zonas del continente asiático. Las pescadoras mediterráneas, así como las de las islas atlánticas, son sedentarias. Sin embargo, una parte de los adultos de estas poblaciones son capaces de realizar desplazamientos invernales que, en algunos casos, cubren Mallorca, Menorca y Cabrera, pero donde las posibilidades de ampliar su territorio son escasas por los mismos motivos. Sólo Canarias parece ofrecer algunas posibilidades al existir aún acantilados marinos que ofrecen condiciones adecuadas para la cría, aunque el tránsito de turistas, con todo tipo de vehículos y embarcaciones, amplía el efecto de las urbanizaciones incluso si éstas no se encuentran próximas a las zonas de cría.

Sin embargo, no sólo se trata de disponer de un emplazamiento tranquilo para el nido, pues las zonas de alimentación también deben ofrecer condiciones apropiadas. La constante presencia de personas en las calas, los deportes náuticos, a veces muy ruidosos, o la pesca costera con artes de enmalle impiden a las aves alimentarse o disminuyen la disponibilidad de pescado en superficie.

La electrocución con tendidos eléctricos es otro problema reciente al haberse ampliado la red para atender las nuevas urbanizaciones, puertos deportivos, áreas recreativas, etcétera, que saturan las costas.

Un problema observado con frecuencia es la competencia con una especie en aumento, la gaviota patiamarilla, grupos de la cual suelen atacar a las pescadoras para robarles el alimento cuando entran en el nido. Las gaviotas patiamarillas son más frecuentes en las zonas donde pueden aprovecharse de los desperdicios urbanos.

Todo parece indicar que la población española de águila pescadora se encuentra en una situación límite, en la cual sólo cabe aplicar medidas estrictas de protección de las zonas de cría y alimentación, y evitar la mortalidad adulta por colisión con tendidos o por caza furtiva.

La subespecie nominal puede alcanzar las 13.000 parejas, distribuidas sobre todo por el norte de Europa y Rusia. En España, la población descendió desde casi un centenar de parejas a principios de los años sesenta del siglo pasado hasta apenas una veintena al Inicio de los años ochenta. Desde entonces comenzó una lenta recuperación hasta las 30-38 parejas actuales, distribuidas por Baleares (15-17 parejas), Canarias (15-20 parejas) y Chafarinas (1 pareja).

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